Martescito de recomendaciones: la movida Beckham
+ un poquito de salseo.
Como llevo taaaaaantos martescitos y taaaaaanto tiempo intensa (para lo ligerita que suelo ser yo, se entiende), quiero venir con un poco de salseo. Quizá no lo sabes, quizá sí, pero los Beckham están en guerra. En concreto, toda la familia versus Brooklyn Beckham y su mujer, Nicola Peltz (Beckham).
Aviso ya de antemano: hay un claro perdedor en esta movida y es Brooklyn. Él no lo sabe, como no sabe tantas cosas en la vida (entre ellas, cómo ganar su propio dinero, porque el pobre lleva años dando tumbos, ha sido intento de futbolista, barista en una cafetería, intento de fotógrafo, de modelo, intento de cocinero, creador de una marca de salsas picantes…). Quizá, por no saber no sabe ni siquiera tanto de sus propios padres como el resto del mundo, o como el resto del mundo informado, especialmente en España, que nos creemos su historia de amor y felicidad a pesar de que TODOS vimos a David haciendo piececitos bajo la mesa con la niñera. ¡Que la niñera llegó a ser celeb en sus tiempos!
Hemos hecho pasado pisado, pero no olvidamos, al menos yo. Los ves en su documental siendo adorables, en sus redes siendo cuquísimos y te crees su historia de amor, su complicidad, sientes que los conoces y que son absolutamente transparentes… Como si no fuesen dos millonarios que piensan bien sus movimientos de cara al público para cumplir objetivos personales (por ejemplo: apostar por las abejas y las causas sociales durante un par de años para que la gente considere a David un filántropo y conseguir, sorpresa, que le nombren sir, algo que acaba de pasar). No lo critico, es más, me encanta separar el grano de la paja en las vidas de los famosos; la realidad y lo que tiene otros motivos ocultos. Es su trabajo, su vida, y está hecho para dos cosas: enriquecerse y entretenernos.
El caso, y os pongo al día de los últimos acontecimientos, es que no se sabe exactamente cómo, ni por qué, el mayor de los descendientes Beckham no se habla con su familia: desde que empezase a salir con Nicola ya se venían rumoreando tensiones y con esto tú puedes pensar “ay, la prensa, cómo exagera”, pero acabas viendo que cuando el río suena, da igual que seas Beckham o Meghan Markle, agua lleva.
La (actual) mujer del muchacho es un poco como él: rica sin oficio y beneficio familiar, algo que me parece que no deberíamos criticar tampoco porque yo misma estoy deseando ser rica y no volver a trabajar en mi vida.
Hay muchas teorías sobre cómo se han convertido en Romeo y Julieta (y aquí hago un parón y pregunto: ¿la peli era buena o simplemente es que Leo estaba en el top de su belleza?) pero mi favorita es la que involucra a Marc Anthony. Cómo ese señor consigue acabar metido en todas las salsas y sobre todo, cómo Jennifer Lopez elige tan mal a sus parejas es un tema que podemos debatir otro día, aunque es leer su nombre y en mi cabeza ya se queda para todo el día lo de “voy a reír voy a bailar vivir mi vida lalalala”.
Donde sí hay que detenerse es en su implicación en la ruptura de uno de los clanes más importantes a nivel mundial: se dice que, cuando cantó en la boda de Brooklyn y Nicola, Marc pidió que subiesen al escenario el novio y “la mujer más guapa de la fiesta”… Su madre. UUUUUUUH. Es que VIVO POR ESE MOMENTO. Desde ya, cuando me pregunten dónde iría si pudiese viajar en el tiempo, ten por seguro que sería a ese instante vital. Dicen que Marc, amigo de sir David y lady Victoria, se había compinchado con ella en esta jugada (que, por otro lado, ya tenía a Nicola cruzadísima por no llevar un diseño suyo en su enlace, sino uno de Valentino). También es que eso fue arriesgar fuerte, Nicola, cariña, y una cosa muy de rica porque CUALQUIERA estaría deseando tener el vestido gratis, como si te lo firma Kiabi.
Pero bueno, eso fue en 2022 y tres años después parecer ser que las cositas se pusieron cada vez más tensas entre suegra y nuera. Pues… ¿qué quieres que te diga? Lo puedo entender.
Porque mi vida y mi disfrute es creer que conozco a los famosos (en este caso, es casi real porque Victoria me firmó un ticket de Juguettos un día en Xanadú), te puedo asegurar que me creo la historia y su papel de malvada en la misma.
Que yo la defendí por lo del ajo porque lo negaba en su libro y por mis propios intereses (básicamente, que cuando lo de Juguettos me dijo que llevábamos la misma gorra y además nacimos exactamente el mismo día con diez años de diferencia y bueno, pues que me creo que somos íntimas)… Pero creérmelo me lo creo.
Y el pobre Brooklyn ahí, mientras, nada, esperando a que esto se solucione o mejor, que empiece a lloverle dinero del cielo otra vez, porque si no al final se va a tener que poner a currar.
RECOMENDACIONES
Un pareo precioso
No puede una hablar de los Beckham y venir con cosas feas. Al menos no así, de arranque… Cristina Piña ha lanzado una colección de verano con su marca The Playa que me fascina. Cris es muy de verano: en realidad es más de Navidad, como yo (y nuestra amistad se reactiva siempre en diciembre) pero luego resulta que en verano lo da todo. Yo ahora siento que necesito el pareo que ha diseñado y que me enseñe a usarlo, porque soy negada para cualquier versión, clásica o como esta:
Otra cosa así playera que vengo necesitando es una de las sombrillas de Flamingueo, pero es que ni me atrevo a sugerir en casa que adquiramos una: ya no cabemos y ya hemos (he) petado tanto el trastero como el futuro maletero del coche en vacaciones.
Más rayas
Cada vez que hablo de rayas no puedo evitar recordar aquella portada de revista que decía “Las rayas nos sientan bien”. Humor básico de internet, pero del que años después aún funciona.
Empiezo a notar que ya no es solo el rosa y rojo lo que me obsesiona sino el estampado de rayas gruesas, porque no dejo de pensar en este mono de Parfois que vi en Comporta en mi día de rica…
…Y en estos pantalones de Primark (normalmente no saco Primark aquí salvo si es por un motivo importante, como la blusa que tanto juego me dio y que ahora no sé dónde he guardado; y si no lo saco es porque su equipo de comunicación me ignora ya de una forma deliberada, así que intento que el vacío sea recíproco, pero luego me pueden las ansias de compartir).
Pues eso, que si voy los pillo (o si va mi amiga María, que prácticamente está empadronada allí).
Unas escaleras bonitas
No sé si soy yo, en este momento vital tan extraño, o la situación en Estados Unidos, pero no siento esa necesidad loca de ir a Nueva York que siempre me había acompañado. Sin embargo, me hace gracia ver las cosas fuertes que siguen pasando allí, como lo de esta señora rica del Upper East Side que cambia la decoración de sus escaleras casi cada semana y se ha hecho influencer gracias a eso. Flipo. Está a un tris de que la inviten también al Palacio Real de Madrid (tremenda fantasía vivimos en Españita también).
Un snackcito chiquitito
Hace muchísimo que no os doy motivos para volver a Dia (si es que no vais asiduamente a por patatas y huevos camperos, como yo). Un día compré, con la idea de dárselo a Óliver y los niños del parque, una bolsita diminuta de aritos de maíz… Vale entre 30-40 céntimos, algo irrisorio si lo comparas con los pelotazos, que son 2 euros (lo valen, eso también verdad). El tema es… Que nunca debí cederlo a los niños porque la realidad es que me gustan para mí: son como los kaskis pero en chiquitito y están realmente ricos.
Y con ese precio, evidentemente, el peligro es entrar a Dia a por huevos porque inevitablemente la bolsita cae.
Un libro doblemente precioso
Aunque me encante, no es que me apetezca ahora ponerme a releer ‘Orgullo y prejuicio’ (acabo de terminar ‘La hipótesis del amor’, quien lo conozca entenderá que mi mood es otro) pero con esta edición ilustrada por Patricia Bolaños lo que sí tengo ganas es de comprarlo y ponerlo en un altar en casa. ¡Qué preciosidad!
Una última intensidad
No vale que os libréis de mi sentimentalismo del todo. No sería honesto hacerme la feliz todo el rato… Estas viñetas me han llegado muchísimo al corazón, encaja totalmente con mi pensamiento mágico (sé lo que es, leí a Joan Didion antes de saber que algún día pasaría un duelo). También me preocupa que mi madre me vea haciendo cosas que son un cuadro, claro.
Después del carrusel de Insta, se puede ver al completo en la web de New Yorker.
Ahora sí que sí: es todo por hoy. Nos acercamos a la fecha en la que me tomo un descansito de los martescitos para, sobre todo, escribir cosas a pie de playa, así que es el momento de que hagáis peticiones, para lo que queda de temporada o para después, lo que sea. Gracias por estar ahí y por el apoyo, por supuesto, que eso nunca falte. Quizá estoy un día más cerca de parecerme (más) a Victoria Beckham y ser rica... Compartid la newsletter, que nunca se sabe.
Un par de lecturas de cosas que dije el año pasado por estas fechas:








Salseo del bueno para leer en el tren mañanero.
No puedo estar más de acuerdo contigo en las rayas grumete. Lo quiero todo!
La sombrilla de Flamingueo es muy mona, pero LA SOMBRILLA se la vi a un señor en la playa el otro día y me pareció lo MÁS. Es la de Tommy Bahama de 243 cms. con plataforma antivuelo... Cabemos todos debajo, te lo aseguro!! Buen verano guapa