Martescito de recomendaciones: amigos que se alejan
Tres historias, tres cosas que aprendí de los amigos que se alejaron.
El amigo que alejé
Se cumplen cinco años desde que rompí con mi mejor amigo. Quien me conoce lo sabe porque sufrí mucho y durante mucho tiempo por esto. Fui a terapia, entendí lo que había pasado. Hice las paces internamente, con él, conmigo, con la vida, solo fue un cambio mental. Fui capaz de hablar de él sin que me doliese, quise saber qué tal le iba, por supuesto sin retomar el contacto, eso hubiese sido demasiado. No fue épico, fue adaptarme a algo que había cambiado (con muchos años de proceso).
Lo pasé todo sola y bastante en silencio porque nadie hablaba entonces de cuando unos amigos se alejan: ahora está de moda y por fin se dice tal cual es… Romper con un amigo duele tanto como con una pareja. Más, si cabe, porque verbalizarlo no es una opción. Yo me pasé mucho tiempo sintiendo que tenía el corazón roto, pero creo que quien no lo ha vivido (y supongo que quien, además, no lleva las emociones al extremo) no lo comprende.
Tengo un motivo para darle vueltas a esto precisamente ahora, pero primero os voy a contar otras dos historias diferentes.
La amiga que se aleja
Quien más me apoyó en esos primeros días de la ruptura fue mi amiga Ana. Me sorprende lo poco que la menciono aquí para lo mucho que le doy la turra.
Pienso mucho estos días en ella, además, porque desde esta semana, Ana y yo vamos a cambiar nuestra amistad. Vamos a poner distancia. Es lo que tiene cuando haces una amiga en el trabajo. Aunque esto es diferente.
También llevará su tiempo ajustar, pero yo no he tenido una amiga como ella. De los días que ya no coincidíamos por la disparidad de nuestras tareas sé que me va a costar mucho al principio.
De lo que he aprendido estos años sobre la vida, las amistades y yo misma, sé que la relación cambiará, pero que no tiene que ser necesariamente a peor.
Las amigas lejanas
De todo esto hablaba el viernes, además, con otras amigas a las que no suelo ver tanto, las Rivera, las Pestañitas, mis almas gemelas: comentábamos que a veces hay que entender que no se está en el mismo punto de la relación, que no se va a tener la misma entrega, y también está bien. Con estas amigas he llegado a verme solo una vez al año, y eso no ha marcado nada de distancia, ese aprendizaje también me lo llevo.
Quiero decir con todo esto muchas cosas: la primera es que mi intención no es presumir de la cantidad de amigos que tengo, no es la realidad. Como alguien que lo ha pasado tan mal (antes de estas historias sufrí otras diferentes), ver a alguien simplemente mencionar diferentes relaciones ya supone una pequeña puñalada.
De lo que quería hablar es que he trabajado mucho todo esto los últimos años: a veces, mirarse con la mayor objetividad posible ayuda a crecer, a entenderse (y sufrir menos). Que las relaciones son dispares, que se puede poner distancia de muchas formas y cada una es la que es y nos afectará como toque. En cuanto a mis relaciones de amistad, las de las distancias elegidas, las que no y las que han sido así de siempre, les aplico algo de lo que ya hemos hablado por aquí: hay que cuidarse, protegerse siempre que se pueda, minimizar daños.
Me hace feliz poder contároslo porque por fin he sido capaz de escribir de aquello que me hizo tanto daño… Pude hacerlo antes, cuando por fin sané, pero no quería que le llegase a mi amigo, al que alejé yo, como una llamada de atención o, peor, como un ataque a su privacidad. Además, parece mentira, pero me sigue suponiendo un problema abrirme tanto al hablar de este tema en concreto.
Y ahora sí, lo cuento aún más feliz, por qué pienso tanto en esto: de la primera de las historias se cumplen ahora (ayer) cinco años (romper en una fecha señalada, como un cumpleaños, otro de mis éxitos) y me gustaría dejar registrada también una pequeña esperanza: como sabéis, el año pasado viví el momento más duro de mi vida (me encuentro intentando procesarlo aún), pero trajo consigo lo que tanto había deseado… Mi amigo me escribió, volvimos a juntarnos, nos explicamos las cosas, volvemos a ser amigos, ahora más fuertes y además he podido volver a felicitarlo. No todas las amistades lejanas son malas, al final.
Una cafetería en casa
Mira, esto me da mucha envidia. No por nada así muy genérico, sino porque siento que esta chica ha tenido mucho tiempo (y un jardín) para preparar una cafetería en su casa (a pesar incluso de tener un bebé, por lo que veo).
Que lleve un conjunto de rojo y rosa no ayuda, claro.
Cuando dicen que no todo lo que sale en redes sociales es verdad se deben de referir a que todos esos microeventos con amigos que se está montando la peña en sus casas no son reales, que en realidad luego la gente se aburre y nadie cuenta anécdotas graciosas (como la que tenemos mi amigo, el que ha vuelto, y yo, de una noche buscando un ambulatorio en Burgos).
Hay gente, según Instagram, que incluso se está haciendo pasaportes para sellar todos los encuentros chulos que hacen entre amigas. Y las Pestañitas y yo llevamos AÑOS intentando hacer aunque sea una.
Adicta a este olor
Aida se puso muy contenta de que la mencionase el otro día con sus recomendaciones beauty, así que esta vez tengo que reconocer de nuevo su autoría: el otro día me regaló un perfume y ahora me he vuelto totalmente adicta.
No solemos coincidir en cuanto a gustos olorísticos, pero la casualidad ha hecho que ella lleve una que también me encanta, así que se podría decir que somos las chicas guays de la oficina (NADIE nos llama así, pero deberían).
La mía es Narciso Rodríguez (surprise!) pero en formato for her Pure Musc Blanc. Huele a limpio, a polvos de talco y a jazmín (una de las flores favoritas de mi madre).
La suya es Dior, y cada vez que se la echa comentamos que nos recuerda a la de frambuesa que se llevaba tanto en los 2000 de Yves Rocher pero en versión lujosa. Muy rica.
El super tazón 60 de Bad Bunny
Ya sé que queda lejitos, pero yo no paso página, y me parece que de pronto es una medida perfecta para según qué cosas, por lo que os comparto su versión Spotify. Por ejemplo, es el tiempo perfecto para bajar andando desde el trabajo hasta Atocha, esquivar turistas escuchando “el perico es blanco, el tusi es rosita” is my passion ahora.
Me pregunto por qué censuraron tantas partes de su espectáculo pero esa apología de las drogas les pareció ok. Supongo que porque la mitad de la gente ni entendía lo que decía (y no me refiero solo a los estadounidenses).
Cómo usar correctamente el pimentón
Estoy altamente entusiasmada porque nunca se me había ocurrido que había un hack del uso del pimentón. Era consciente de que lo hacía mal pero a su vez me preguntaba qué podía hacer para remediarlo. La respuesta es: ciencia.
I+D en la cocina, algo que se dejó El Bulli por explicar.
El último restaurante que me ha sorprendido (para bien)
El otro día me sorprendí mucho. En Madrid eso pasa ya contadas veces porque normalmente suele ser comida sin más y la sorpresa es lo que pagas por ella. Hace nada pagamos 50 euros por un pescado al horno que, en el carísimo de los casos, en el supermercado te cuesta 10 euros. Quizá no lo asaron en hora valle, no lo sé.
El caso es que el finde fui con mi familia a Preciados 33: primera sorpresa, hay una parte de la calle Preciados que parece otra calle, sale también de Callao, pero no, sigue siendo la misma.
La segunda, es un buffet con cocina española servido en mesa (no coges tú lo que quieras), había leído bastante sobre el sitio y no tenía muchas esperanzas, porque sobre todo había visto comentarios extremedamente negativos. Las fotos de su cuenta de Instagram tampoco ayudan.
Por una vez, no han sido buen indicador: resulta que la comida está buena (hasta el arroz, el pulpo o el pescado, tres platos complicados normalmente) y los postres están muuuy ricos. Por lo que vi, se puede reservar con The Fork a mitad de precio, y si ya cuesta unos 30 euros (algo menos, algo más según la opción que elijas), así se queda en NADA. Idealcísimo para grupos grandes, había muchos, claro.
Y esto es todo esta semana. Sería perfecto si no dejase la edición para el final porque lo sigo haciendo con sueño y la semana pasada se envió con unas cuantas erratas… Gracias por aguantarme, sé que a veces soy insufrible.













Ay amiga... como te entiendo. Yo también rompí ace unos años con unos amigos, pareja, y aún me duele recordarlo... porque obviamente no rompí yo, sino me dejaron ellos (a mi y a mi anterior marido) y pasé mucho tiempo llorando cuando lo contaba. Suponía una vergüenza, que algo en mi no estaba bien y que no tenía forma de curar la herida... La verdad, no he sanado, me sigue pellizcando el corazón al recordarlo y los sigo echando de menos, muchísimo, pero que le vamos a hacer, es como enamorarse de alguien y que no sea correspondido, digo yo.