Martescito de recomendaciones: irte de viaje con (tu) Patri
Tengo la mejor guía, pero no la comparto.
Si has viajado con amigas/os, es posible que sepas que solo existen dos opciones:
Que vaya muy mal
Que vaya muy bien
No existe el término medio, por mucho que lo intentes, y por mucho que quieras esconder el problema bajo la alfombra. Si la cosa no sale bien, no sale bien, y tampoco hace falta romper la amistad (he pasado por ahí y no sé si lo recomiendo), solo es una cosa que ocurre y ya está. Como ir a Ikea aunque acabes agotada/enfadada/pobre. Como mancharte siempre comiendo cuando llevas una camiseta blanca. Hay cosas que están meant to be.
Pero cuando van bien… Esos viajes son una fantasía.
Yo tengo, en este caso, una compañera ideal. No sé si yo lo soy para ella, aunque con lo selectiva que es diría que si me permite su compañía algo sí (sí, me estoy dando una palmadita ficticia en la espalda).
Me he ido de viaje con Patri. No ocurre muy a menudo (no desde que tengo niños). A lo largo de nuestra ya larga vida, hemos coincidido en varios viajes : por ejemplo, en Marina D’Or en mi despedida de soltera, ahora pienso que debí pedir Disneyland, o en Verona, con la que que luego sería la Gran Influencer española, M.P., que no dio muy buena imagen ya entonces. No obstante, hay en nuestra lista común dos importantes, porque me sirven para hablar de una teoría.
Uno, cuando nos fuimos a Milán y comimos helado a 10 grados bajo cero, buenísimo, y dos, ahora, que nos hemos ido a patear París, en mi caso con un calzado barefoot un poco regulerito.
En ese viaje de Milán, en el que éramos tan jóvenes que podíamos sobrevivir cogiendo un vuelo a las 6am y después hacer turismo como si eso no te robase años de vida, creé mi teoría, pero en realidad no sé si se cumple con todo el mundo o solo con mi Patri: los viajes ganan muchísimo cuando los haces con alguien que ama ese lugar.
La Teoría de los Viajes con Patri solo tiene ventajas: porque esa persona conoce la ciudad, que ya es, pero además quiere enseñarte su mejor versión. Vuelves llena de vida, de felicidad, deseando repetir, con ella o en la misma ciudad. Yo ahora quiero ir a París otra vez con Patri, quiero volver también y enseñarle a mi (actual) marido todo lo que me ha enseñado ella, aprender sobre la ciudad como ella, analizar sillas en cada terraza e ir a todas las exposiciones, ya es que me da igual si allí o aquí. Con ella, el síndrome de París no existe porque sí existe el París mágico del que enamorarse. Tiene mucho mérito, si tenemos en cuenta que París era el recuerdo triste, haberse convertido en un sueño y la ciudad a la que, ahora sí, volver todo el tiempo.
Esta historia o pensamiento no tiene moraleja como otras semanas (ya me adelanto a mi actual editor, que pondrá quejas), simplemente os quiero animar a probar esos viajes con vuestros amigos a los sitios que más aman. Así comprobamos si mi teoría se cumple o tengo que cederos a la Patri auténtica (ni de coña).
Creo, y aviso ya, que la teoría no funciona del todo si el viaje es al lugar de origen de vuestra Patri particular; el motivo es que a veces no somos objetivos con nuestra propia ciudad, tiene que ser un sitio ajeno que le haya enamorado… Y que te lo contagie.
O en su defecto, podéis contratar a mi Patri, aunque no sé si querrá, porque aunque al terminar el fin de semana casi me hizo una encuesta de satisfacción, no se dedica a esto y tiene que seguir escribiendo de sus cosas, pero lo mismo empieza a encontrar negocio simplemente en transmitiros su emoción. Es un valor seguro porque conoce restaurantes auténticos, calles preciosas, historia de la ciudad y las exposiciones y museos que no sabías que tenías que ver. Si queréis le pedimos precio… Y que os lleve a comer puré de patatas francés, claro. Al final sí había moraleja: si tienes una Patri, no la sueltes.
Unas pinzas y un cake embroidery
¿Quién puede estar deseando volver a París una semana después para ir a una tienda de cacharros de cocina tipo ferretería? (Y para comprar un vino y unos quesos y tomárselos con su amiga en el canal, también).
Si estáis en nuestro equipo, posiblemente necesitéis las pinzas que yo me compré allí, que además de ayudarme a dar la vuelta a los filetes en la sartén, cumplen con la función que le prometí que tendrían a mi actual marido: emplatar. Y en un nivel mucho más avanzado, está la opción de usarlas para decorar tartas con abalorios comestibles. Más menos es esto:
Aunque ya sabemos que las redes son mentira, y en verdad la realidad luego se parece a esto otro (y eso teniendo mucha maña/suerte):
Sobre las pantallas
Me ha venido a la cabeza ahora mismo al hablar de las redes sociales un mensaje sobre el uso de las pantallas en la infancia. En concreto, lo que se dice en Toy Story 5, que se estrena mañana pero yo tuve la inmensa suerte de ver el viernes. Estoy deseando que María, de Educar sin pantallas, la vea, porque a priori contiene muchas cosas y mensajes interesantes, sobre lo adictos que somos todos, que las pantallas son malas, pero aparte de que una no deja de pensar que posiblemente Disney ya tenga productos similares a los que más o menos critican en la peli listos para vender… No quiero hacer spoilers, pero a mi hijo le quedó un mensaje un poco tibio que no sé yo, no digo más porque el otro día le comenté a mi marido simplemente algo de la peli que lleva meses siendo meme y casi me asesina. Estoy deseando que la veáis y me digáis. Y que la veáis en VO para escuchar a Bad Bunny, ahora que 600.000 personas (por lo menos) son muy fans y aseguran haber ido al concierto de su vida (el suyo).
Tú no mami
Una serie de la que poco se habla y más se debería recordar es Dinosaurios, que ha servido de temática para este cumple infantil… El típico que hacen los padres porque les gusta a ellos, porque tú me dirás. La verdad es que Peque era el mejor. Eso sí, si llego a saber que por culpa de internet algún día sabría su terrible final, jamás habría conectado ni un router en casa.
Un hack parisino
No quiero compartir mucho de lo que hicimos en París porque no tengo ningún mérito. Ya he explicado que Patri se encargó de todo perfectamente… Pero en uno de nuestros kilométricos paseos pudimos pasar por Cortado, la cafetería de unos catalanes en París, conocida porque hicieron una campaña en redes pidiendo que Rosalía los visitase, y cuando llevaban más de un año pidiéndolo se presentó allí… Qué gente más lista, macho, se las saben todas.
Y allí está la camiseta que les firmó.
El café, muy rico y muy caro, porque creo que en esa ciudad las bebidas son el impuesto de lujo que pagas, la comida realmente ya te cuesta como en Madrid (o menos, que ya dice mucho).
Sin embargo, a mí lo que me gustaba era una camiseta de merchan que vendían rosa y roja. No tengo foto pero ya me entendéis, esa combinación es mágica para mí.
La camiseta tenía también un precio prohibitivo, pero busqué en Google para ver mis opciones y, SORPRESA, Cortado tiene una colección a pachas con Zara, y en concreto la camiseta que tienen en exclusiva (esta vez no es en rosa y rojo, la había también pero está agotada, todo no se podía) tiene un color precioso.
Te pides el souvenir a casa y lo tienes al volver, un chollo.
Yo no sé dibujar, pero sé escribir
¿Sabré hacer esto? ¿Pueden las personas pasar página de El verano en el que me enamoré?
La parte musical
Está sección que aparece y desaparece según me venga bien a mí, se la dedico a mi amiga Mariana, que es la que me pidió que volviese y que necesita un extra de amor estos días. Aquí tiene el amor de su novio…
Hasta aquí esta semana… Se acerca el final de temporada, aunque no tanto como creía, que he pasado tres días creyendo que el día 1 era la semana que viene. Con pánico, porque tengo el evento que celebro todos los años en el trabajo y que nunca consideró que este lo suficientemente preparado… Os quiero, gracias por leerme.











Acabo de descubrir el final de Dinosaurios, en tu Substack, ay amiga que tristeza!!!!
Pero, me intento sobreponer pensando en París, ay... coincido con Patri en mi amor eterno hacia la ciudad, pese a ser cara y que los parisinos vivan perpetuamente con cara de mierda. Para mi siempre será mi lugar, cada vez que voy lo confirmo y no diré que me siento como en casa, porque no, pero no dejo de enamorarme y además literal, cada vez que voy a la ciudad.
Qué alegría ver que con patri le has podido dar la vuelta a los recuerdos tristes de París, también esas capas de sentimientos son bonitas, y le dan profundidad al vínculo que creamos con la ciudad, ¿no? Eso quiero creer...