Martescito de recomendaciones: tips para pasar el duelo y por qué Bisbal no está ayudando
+ la lista que no te hace falta pero, oye, ahí está.
Este es otro martescito existencial… Pero no te vayas todavía, no quiero traer absoluto drama.
Esto viene a cuento porque últimamente pienso bastante en que me encantaría escribir un libro sobre el duelo con humor, pero la verdad es que no sé si es cuestión del momento -o de que no hay público interesado- pero no me veo haciéndolo… Todavía. Tal vez. Quizá no estoy capacitada.
Sin embargo, no me importa experimentar, y de eso van un poco los martescitos, que a veces son una cosa, a veces otra, y yo qué sé, van cambiando conmigo. Últimamente, quizá más de lo que yo esperaba.
Como sea, pero he pensado que quizá a un porcentaje muy pequeño de la población le vendrían bien las recomendaciones con las que intento mantenerme lo mejor posible (que no quiere decir, en absoluto, que esté bien) (en absolutísimo, diría yo). Y a quien no, quizá le haga gracia saber de un duelo tan terrenal. También quizá es que me perdonáis todo… Y que la semana que viene vuelve el diseño tradicional, ese es mi compromiso.
Cosas que hago o he hecho para intentar sobrevivir en mi nueva vida:
- Escribir: vaya, empezamos fuerte. Qué trucazo, Araceli. Ahora voy mejorando, lo prometo: me dijo mi psicóloga que escribiese para vaciar todo lo que se me pase por la mente y la realidad es que yo ya lo estaba haciendo. Soy esa típica listilla, pero es que tampoco tengo mucho más que hacer. Estamos hablando de escribir y no volver a leerlo, porque me da vergüenza y me hace llorar a partes iguales.
- Escribir… Pero una carta: este truco lo aprendí en terapia también hace años y sirve para despedirse. Me hace pensar que la vida es una simulación (el show de Truman; LO SABÍA), porque funciona aunque tú sepas que esa carta no va a llegar ningún sitio.
-Evitar/buscar a David Bisbal: otras personas quizá prefieran ponerse a Pavarotti, un drama de Eros Ramazotti o… La verdad es que no sé por qué solo pienso en italianos para el drama. El caso es que yo elegí poner a Bisbal una mañana en la que simplemente quería estar tranquila ordenando mi armario y me encontré con que tranquila, lo que es tranquila, no te deja esa canción. Maldito seas, Bisbal, cómo entiendes al ser humano. Reconozco que hay días en los que quiero llorar de verdad y me la pongo… Mala idea hacerlo en el autobús, pero es de los pocos ratos que tengo “sola”, así que bueno, una lloradita y a fichar en el trabajo.
- Westlife, otros que tal bailan.
- Ahora me da pena Bisbal, el pobre intentándolo con el Burrito Sabanero y eso y yo convirtiendo su discografía en un ‘in memoriam’.
- El humor: a mí me gusta el humor negro. También ahora. Más, diría. Bueno, más es difícil.
Yo no sé si se puede elegir el tipo de humor que te hace gracia pero este es el mío y, claro, ante una situación tan inmanejable… Me gusta pensar y comentar cosas irónicas de lo que estoy viviendo, cosas que a mi madre le harían gracia (ella era de reírse hasta llorar) o incluso bromas de lo que estará haciendo “allá arriba” (un lugar indeterminado, sobre todo porque no soy creyente, ahora menos que nunca).
- La tele: me pilla en un mal momento porque está mi amiga Patri muy a tope con el tema antipantallas (por culpa mía, que la llevé a una charla de María Gijón) y no es fácil llevarle la contraria (bastante tuvo con hablarme de la crema solar facial el otro día) pero si en este momento yo necesito algo es, precisamente, un rato de desconectar y no pensar. Lamentablemente, no estoy preparada para seguir con Anatomía de Grey1 y esto va a hacer que la que muera sin haber acabado el reto de ponerse al día con su serie sea yo.
- Por supuesto, en la tele ha quedado vetada la peli que veía a trozos desde hacía semanas y que va de una madre que muere y le deja retos a su hija. Por lo que sea. La empecé cuando mi vida era normal y cuando todo cambió había quedado totalmente desubicada en mi vida.
- No mirar los whatsapp antiguos, una piedra con la que esta mujer en concreto tropezó una, dos y tres veces, pero no una cuarta.
- Seguir trabajando, cuidando niños, haciendo planes. Hacer como que la vida sigue, lo cual es una mentira: la vida no sigue, la vida ahora es otra, solo que mientras disimulo parece que no ha pasado nada y casi casi parece que está todo en orden. A veces, incluso, estoy triste y tardo un segundo en entender por qué lo estoy.
- Confiar en lo que varias amigas muy hierbas me han dicho: que esté abierta a señales que me puede enviar mi madre desde ese incierto más allá. Soy muy terrenal, mi madre también lo era (nos repitió mil veces que las flores las quería en vida, que muerta no le valían para nada) y me cuesta creer en esto, pero un poco como que tengo esperanza en que se cumpla, pero no tengo muy claro qué. O sea, en esto quiero creer (porque me viene bien) pero no sé si tengo que forzarlo o empezar a inventarme que algunos hechos cotidianos son mensajes. Veremos a ver.
- Responder “ahí voy” cada vez que alguien me pregunta cómo estoy, una respuesta poco comprometedora, vale incluso para quienes no saben que esto ha pasado (y si no tengo ganas de contárselo). Decepciona un poco a quien busca algo de drama, pero a mí me resuelve la papeleta.
- No leer, en absoluto, ninguno de los libros sobre el duelo de otras personas. Por eso quizá no estoy preparada para escribir yo uno, se me ocurre.
- Comprar un colgante con el nombre de mi madre escrito por ella. La única cosa que me hace verdadera ilusión (siempre hay esperanza para el capitalismo: el consumismo no sale fácilmente del cuerpo de una persona). Es un colgante de oro en el que puedes grabar lo que quieras con la letra que quieras. La gracia es que mi madre YA tenía uno (que le regalé yo) con su nombre escrito por ella (su cosa favorita, no hay nada en casa que no tuviese propietaria) pero se puso feote, así que para evitarlo me voy a comprar el bueno, que es este, y listo.
- Y llorar mucho. Por las noches, en el autobús (por Bisbal), en el Mercadona al recordar las cajas caras de mejillones… Muchas veces. Más de las que me gustaría, porque yo lo que quiero es estar bien y no tener esta herida tan profunda. Pero no se puede. Así que ya veis, me lo tomo como el trabajo de curación que es.
PD: también me ayuda mucho recibir regalos2: ha pasado poco que me regalen cositas/comida/flores por estar así de triste pero no veo nada mal que eso se normalice. Quizá es que no han dejado de hacerme ilusión las cosas, es que no quiero pagar por ellas 🙃
PD2: Lo dicho, el próximo martes, normalidad, supongo.
Estoy viendo Friends en bucle porque es lo que hacemos los millennials y porque son buenísimos. ¿Que mi capa de tristeza protectora hace que piense en la pena que me da que Mathew Perry esté muerto y estropea el momento de desconexión? Posiblemente.
Por ejemplo, este collar de niños de Zara que quiero para mí.




Muchísima fuerza. 💕
No puedo imaginarme lo que estás pasando. Te leo con el corazón encogido. Y con toque de atención para cuidar a mi mami.