Martescito de recomendaciones: Ese lerdo le ha dejado sin palabras
Volvamos a indignarnos.
En un rasgo claro de mi personalidad, vengo con montañas de declaraciones no pedidas. Para empezar, aperitivo de informaciones irrelevantes desde el minuto uno. Os anuncio: no me gusta hablar de libros en esta parte de la newsletter, la que mi amigo José María denomina “lo de arriba de los martescitos”, porque ya hay mucha gente haciéndolo y yo no quiero ser del montón (puede, me atrevería a decir incluso, que también es porque considero que esas personas lo hacen mejor que yo). Dicho queda.
También anuncio que me dan un poco de rabia unas cuantas cosas: la primera, que a pesar de lo que acabo de decir, lo voy a hacer igualmente; sí, voy a hablar de un libro, y encima es de uno que ni siquiera es icónico; ha estado bien leerlo, está bien escrito, es original, pero puede que olvide su nombre dentro de un rato y no ha sido ni total ni parcialmente revelador… Me molesta, lo siento, ya veis que intento hacerme la trascendental y a veces vengo y hablo de granos1.
Con el libro pasa una cosa curiosa: resulta que, a pesar de ser un- historia que ni fú ni fá, es que está lleno de frases que me representan. No frases de las que notas como pensadas para que luego se conviertan en un post en redes sociales, algo que sin duda ocurre mucho hoy en día, sino cosas que de pronto lees y dices… ¿Me están espiando las cookies de mi ebook? ¿Por qué saben justo lo que estoy pensando para meterlo en un libro? Si hay gente dispuesta a pensar que nos gasean desde el cielo o que la Tierra es plana, a mí esa posibilidad a lo Black Mirror me parece factible.
El caso es que leyendo el libro (que por cierto, se llama ‘El corazón de los hombres’ y por supuesto que lo he tenido que mirar y lo he puesto a ver si estando escrito aquí no se me olvida más), me he encontrado con muchas frases así, pero hay una que vais a leer y, a no ser que tengáis un don para decir lo correcto en el momento adecuado y de una manera ingeniosa (esas personas superdesarrolladas existen pero son muy pocas, yo solo conozco a mi amiga Rosa), os va a representar al máximo. Dice tal que esto:
Haciendo fotos en la oscuridad mientras duermo a la niña, no tengo vergüenza ni sentido estético.
Uf. Qué tema. Qué temazo. Es tan importante para mí que he pasado por terapia para solucionarlo. He hecho mis deberes, mis avances, pero aún así es dificilísimo conseguir ser esa persona que deseo ser, la superior que sabe dar a entender que, efectivamente, lo es. Y sobre todo, no ser esta persona: la que después de una conversación (positiva, negativa, qué más da) se martiriza con lo que podría haber dicho. Soy rápida, soy lista, ¿por qué me bloqueo? Vivo con pánico a ser una persona tonta que se cree lista, mi némesis, y quizá no estoy haciendo demasiado para demostrar lo contrario.
Si alguna vez habéis intentado comunicaros con alguien en inglés sin ser vuestra lengua y sin practicarlo muy a menudo, descubriréis un sentimiento parecido: el repaso mental posterior con todo lo que podías haber dicho y no dijiste. Esa frase sacada de una canción que podría ser reveladora. Ese comentario ingenioso digno de un examen de Cambridge. Si yo tengo vocabulario, ¡lo que pasa es que no me sale!
Pues cuando intercambias palabras con alguien… Te pasa igual. Y si es alguien a quien consideras ya no más lento, como define la RAE a los lerdos, sino alguien incluso en tus mismas condiciones, jopé.
Como anunciaba, porque eso sí, me mantengo fiel a mis principios, tengo no solo una excusita, tengo montañas, porque estoy claramente atrapada en este tema, pero he mejorado la fórmula.
Allá vamos.
Que no tienen razón ni mi psicóloga ni los mensajes baratos de internet: no es posible, en una conversación, parar y pensar. Hay que actuar rápido y siendo rápidas quizá no somos ingeniosas. No se puede tampoco, digan lo que digan, llegar más tarde a rebatir: el momento lo es todo.
Y por supuesto que no, tampoco es viable no tener una opinión de las cosas. ¿En 2026? Si no das tu punto de vista estás muerta socialmente. Son muchas cosas, muchos temas, pero existen y no podemos esquivarlos.
La última excusita es la base de este multiverso de la desazón; ya la sacamos a colación hace unos meses. De ahí el daño moral de la frasecita de las narices y el seguir dándole vueltas. Nos estamos callando la gente normal. Por supuesto que eso no ha cambiado. El sentimiento, porque las conversaciones nunca paran, sigue existiendo.
Y entre medias… Llega un libro que ni siquiera recordaré mañana y me da rabia por eso mismo, porque será olvidable, pero me ha atacado directamente al corazón. Me recuerda que, además de callarme por algo, me callo porque no me sale. Y me ha costado pillar por qué me molesta tanto. Al final, resulta que la lerda, la lentita, lo mismo, soy yo.
Un verano analógico
Me gusta mucho esta idea porque romantiza totalmente el verano (algo que me encanta), tira de nostalgia y mola. Es verdad que es difícil porque habría que conseguir VHS (o DVDs, por facilitar) y no tenemos ni reproductor. Lo mismo para la música, etc. O sea, lo complica todo, pero ¿qué creéis que debería tener un verano así?
Yo creo que flashes, polos caseros de nesquick y petisuis, piscina, baticaos (por cierto, la de Buzz Lightyear que han sacado, una fantasía), pelotas hinchables, barbacoas, mañanas viendo la tele…
Por cierto y quizá me estoy entusiasmando porque sube la temperatura y abren las piscinas municipales, pero si hay una canción veraniega a tope (al menos para los niños madrileños en los 80) es totalmente esta:
Una peli de las de pensar
El otro día terminamos esta peli y le dije a mi (actual) marido que el próximo día vamos a ver una comedia. Porque acabamos preguntándonos que hacemos con nuestra vida. Cómo hacer que valga la pena, cosas así.
Está bonita y tiene su girito argumental que, viendo como está el percal en el cine, ya es.
Se llama ‘La vida de Chuck’, se basa en un libro de Stephen King (no da miedo como esa maldita peli, ‘It’, que en qué hora), sale Tom Hiddleston (al cual hemos olvidado por completo, pero recordemos que salió un verano con Taylor Swift) y está en Prime Video. Recomendable, si no no saldría aquí. De hecho, si no me habría ido a dormir a la mitad, mi modus operandi habitual.
Walking tapas
Una vez, en el típico documental de Netflix que no sabes cómo ni por qué han hecho pero lo ves y te descubres interesadísima por la cosa más random, vi una moda en México en la que abrían bolsas de snacks, tipo Takis, patatas, whatever, y le echaban de todo encima. Ahí mismo, en la misma bolsa. Tengo que buscarlo de nuevo porque me dije que algún día lo haría y por supuestísimo que eso no ha pasado.
Esta idea que he visto en Instagram es parecida y, la verdad, no sé si lo veo en ambiente de oficina (lo de dejar el teclado pringoso como que no) pero en casa sí, en casa estoy dentrísimo.
Tres libros y una advertencia
Los libros de los que voy a hablar no puedo recomendarlos, pero como queda patente que muchas veces me olvido de ellos en cuanto llego a la última página, no me parece mal deciros qué estoy leyendo y ya si eso comentamos después.
Estas son mis tres últimas descargas en eBiblio, la app traidora, ahora os explico por qué:
Hotel World (Ali Smith)
Felicidad familiar (Laurie Colwin)
Buena suerte (Nickolas Butler)
He empezado por el último, aunque tengo que hacer una visita a la biblioteca física, porque…
Me ha traicionado eBiblio. Estaba leyendo un libro (no sé el nombre, por supuesto) y se me ha caducado. Es algo que me pasa a menudo porque como veis los cojo de tres en tres. Al ir a volver a solicitarlo… ¡El libro ya no está disponible! Traducción: lo han retirado de sus estanterías virtuales, algo que no sabía que se podía hacer y me ha dolido. Una cosa es que yo no recuerde ni el nombre y otra que no quisiera acabarlo… Así que tengo que ir a buscarlo a una biblioteca física. Una aberración.
EL arroz con leche
Vengo con dos recomendaciones juntas, y una no es nueva pero no está de más. El grupo de Telegram de Panepanna, el mejor lugar de internet en general y en particular para enterarte de cosas que no sabías que necesitabas saber, solucionar problemas, encontrar apoyo moral… Todo. Ahí se compartió hace meses la receta del arroz con leche de Crockpotting, el proyecto (ya cerrado, pero disponible para todos) de Marta Miranda. Recomiendo la receta aunque yo ni siquiera coma arroz con leche, pero el más goloso de mi casa se lo zampa de una sentada (a veces en dos tandas pero porque se sujeta, dice).
Y hasta aquí esta semana en la que espero dos cosas: que el jueves me dejéis algo de la colección de Zara x Benito Antonio y que no me hagáis unfollow como la semana anterior, por si fuese poco tener granos… Es broma, haced lo que queráis, dejaré atrás mi sueño de hacerme rica y vivir solo de escribir tonterías. Gracias siempre por leerme. Gracias especialmente a Susana y Claudia, madre e hija, con las que comparto una admiración mutua desde hace siglos (estaba yo en la uni cuando entrevisté a Susana, a quien leía cada día) y sé que llueva o truene en la vida están ahí para leerme.
Un saludo a mi actual marido que me dijo que bueno, que lo de los granos era sin más (no fue exactamente así) y aunque recibí mogollón de mensajes con amigas identificadas, quizá ha sido el post menos megusteado ever. Cura de humildad. Por suerte, los granos ya no están, eso sí que me hubiese hundido.









Ohhh Araceli! Cuánto me alegro de que en tu casa se disfrute tanto el arroz con leche crockpotero. Le tengo un cariño especial a esta treta y me hace tremenda ilusión que esté en tus martescitos. Mil gracias!!!
Nos estamos callando la gente normal...y eso nos acabará pasando factura. Cada vez somos más individuos y menos sociedad, me preocupa...mucho!!